¿Puedes nombrar las culturas que más valoran la tranquilidad? Te doy una pista: Por supuesto no es cultura occidental. De hecho, son las culturas asiáticas como la japonesa, el budhismo y las sociedades nórdicas europeas las que respetan, aman y enfatizan el silencio en todas sus formas como señal de respeto a los demás. Valoran el silencio cuando se enfrentan a problemas para tomarse el tiempo para reflexionar, rebajar el nivel de tensión o confrontación, rumiar en solitario y regresar con una visión más tranquila para entonces exponer los puntos de vista. Valga la redundancia, vamos a hablar de las razones por las que el silencio ayuda.
El silencio puede ser cómodo social y familiarmente. El silencio auditivo es respetuoso. El silencio personal es restaurador.
Un tiempo tranquilo, silencioso ni interacciones con los demás no aparece en la agenda del comportamiento en muchas culturas occidentales u occidentalizadas. Ello se debe, en parte, a que la comunicación nos sirvió para desarrollarnos, alertarnos los unos a los otros de peligros al acecho y sobrevivir.
Sí, en esencia somos seres realmente sociales: países mediterráneos, vida en la calle, sol, tertulias, terrazas, tardeos…Somos habladores
La incomodidad del silencio
Pero en un nivel más profundo, no nos han educado para estar cómodos en silencios intersticiales, y mucho menos silencios intencionales. Preferimos el ruido de fondo: el televisor encendido, la radio encendida, música de fondo.
Nos despertamos estirándonos y con un suspiro o bostezo. Nos vamos a dormir con telefónos móviles.
En el taoísmo, y muchas otras religiones orientales y reflexivas y sistemas de creencias, el silencio es un tesoro. En el Daodejing (fundamento del taoismo, obra cumbre de Laozi, archivista de la dinastia Zhou cuya obra influiría en el budhismo), dice este:
“Quien sabe no habla; [y] quien habla no sabe”
“El maestro actúa sin hacer nada/enseña sin decir nada”.
Todos sabemos que a nuestro cerebro no le gusta el ruido. Pero es igualmente importante para el cerebro que pasemos menos tiempo hablando y más tiempo escuchando. Hay muchísimas razones por las que el silencio ayuda a nuestro bienestar y, bien gestionado, a evitar problemas mayores. Hoy solo veremos cinco.
1. El cerebro metaboliza el nuevo conocimiento
Cuando no estás hablando, el cerebro trabaja más, mejor y con mayor profundidad. En un estado de “descanso”, el cerebro puede participar en la autorreflexión. Se convierte en un lugar de autoreconocimiento, autoestima o formulación del concepto de sí mismo: en lugar de tratar de tomar decisiones sobre quiénes somos, organizamos la información que hemos acumulado durante los momentos de “conciencia parlante”.
Al no hablar, permitimos al cerebro asignar energía desinhibida, la cual necesita para ordenar y procesar tanto los pensamientos como los sentimientos (sí, los sentimientos se almacenan en el cerebro como experiencias, no el corazón). El cerebro los envía a diferentes áreas, los almacena y puede usarlos mucho más fácilmente más tarde.
2. No dirás nada de lo que arrepentirte más tarde
Al hablar constantemente o contestar rápidamente o cuando te lo solicitan, es bastante fácil decir cosas que uno
– No quiere decir
– No ha pensado en profundidad
– No sentirá haber declarado un posición o sentimiento momentáneo
Por decirlo de otra manera, cuanto menos dice uno, más significado le da a lo que dice. Es posible que la sociedad, en el trabajo, sientas presión por omitir tu opinión rápidamente, y más presión porque tu opinión sea acertada.
Es muchísimo más aconsejable dejar pasar un poco de tiempo y hablar más tarde. Liberaremos nuestro lóbulo temporal (y en el caso de hablar con alguien con quien no te sientes cómodo, la corteza prefrontal dorsolateral) que se comprometeríamos mientras hablásemos.
Por decirlo en pocas palabras, un periodo de silencio ante situaciones comprometidas permite que se formen pensamientos más profundos.
3. Tu cerebro se regenera y crea nuevas células
Según un estudio de 2013, el silencio, incluido el no hablar, durante un mínimo de dos horas por día fomenta la regeneración celular en el hipocampo. Esta región del cerebro está asociada con la memoria, la emoción y el aprendizaje. Los trastornos cerebrales degenerativos, es decir, los trastornos en los que las neuronas no se regeneran tanto como los cerebros neurotípicos, podrían mejorarse enormemente al practicar el silencio.
Se asocia una mayor cantidad de neuronas con una mayor neuroplasticidad, una función cognitiva más fuerte y un potenciamiento de nuestras capacidades de aprendizaje.
4. Pasas más tiempo desarrollando tus propias opiniones
Y si no estás hablando, o disfrutando del silencio, estarás escuchando a otra persona.
Vivimos en la era de la información. Por primera vez en la historia humana, puedes compartir cualquier pensamiento, desde el más fútil a la reflexión más profunda con todo el mundo en cuestión de segundos. E inmediatamente esperas respuesta de tus seguidores o de la comunidad a la que perteneces en esa red social. Inmediatamente. Olvidamos el tiempo para la reflexión, el análisis, la conciencia del contexto, la reformulación, etc.
Cuando pensamos antes de hablar, involucramos más partes de nuestro cerebro, y fortalecemos esas zonas: recuperamos recuerdos, comentarios, situaciones, eventos reales, tendencias, conocimientos adquiridos… Todas esas funciones provienen de diferentes áreas del cerebro. Un discurso reflexionado no causará problemas y posiblemente ya hayas llegado a conclusiones útiles antes de proponerlo.
5. La expresión del deseo
¿Has pensado qué es lo que nos impulsa a hacer de nuestra comunicación algo constante? ¿Qué estamos diciendo la mayor parte del tiempo? ¿Tiene peso? Mientras la boca se mueve, ¿qué información está saliendo?
Es posible que el 70% de lo que decimos no sea realmente esencial. De nuevo, en algunas culturas orientales no se espera entablar conversación con un extraño en el ascensor, mientras que en Europa o EEUU parece descortés no saludar al menos o entablar una pequeña conversación sobre el calor o frío que hace o cómo va el día.
Lo que hacemos, en Occidente, es verbalizar nuestros deseos y sentido de pertenencia al grupo, mientras que otras culturas lo hacen asumiendo ese sentido de pertenencia de un modo completamente distinto. Los occidentales hablamos porque necesitamos tiempo para acordar lo que queremos para comer hoy cenar mañana, lo que queremos hacer la próxima semana, lo que deberíamos haber dicho pero no dijimos (en lugar de tomarnos un silencio), lo que queremos que haga otro por nosotros, lo que queremos ver en la televisión, lo que queremos hacer una vez que lleguemos al gimnasio, cómo perderemos peso o dejaremos de fumar…
Controlar todos estos impulsos verbales nos ofrece la oportunidad de vivir más el momento con nosotros mismos. Y, sinceramente, unas horas de silencio con nosotros mismos, lejos de la cháchara o medios sociales, es un rato excelente.
Recuerda que nunca fue descabellado que algunos monjes hiciesen voto de silencio (durante una temporada). Todas las religiones, participan del acto del silencio para la reflexión y espiritualidad: monjas, monjes, budistas, hindúes, taoístas… ¿No ansiamos siempre un retiro, unas vacaciones? Empecemos por introducir ese silencio en nuestro comportamiento, esa pausa y desconexión diaria. Lo agradecerá nuestro cerebro.